Carlos Rossso, Presidente de The Related Group. Foto: Claudia Rubio / Portafolio
Tras la crisis inmobiliaria del 2008, la inversión pública y la gran oferta cultural han servido para que los inversionistas de todo el mundo empiecen a ver a Miami con otros ojos. Así lo explica Carlos Rosso, presidente de la constructora The Related Group, que impulsa varios proyectos de apartamentos en esta ciudad de Estados Unidos. El directivo habló del resurgimiento del sector constructor en la Capital del Sol y destacó el buen momento que atraviesa Colombia, principalmente Bogotá, donde, incluso, los precios de la vivienda son más altos que en algunos lugares de EE. UU. ¿Cómo ha sido la expansión de la compañía hacia Latinoamérica? México fue el primer país, con tres proyectos. Después empezamos a trabajar en Argentina, Uruguay y Brasil; incluso, en Cartagena (Colombia) estuvimos a punto de hacer un proyecto en donde estaba la sede del colegio George Washington, pero la crisis económica de EE. UU. hizo que reenfocáramos nuestro trabajo en Miami. Actualmente, tenemos proyectos activos en Brasil –Parque Global y V House– con una compañía de casi 150 empleados. ¿La vivienda es el único foco de la empresa o también hay proyectos en otros usos? Tenemos tres divisiones dentro de la compañía: la de condominios de lujo o para la venta, la de proyectos para alquilar y otra de vivienda popular. Somos un poco diferentes a los desarrolladores habituales debido a que hacemos de todo, con una visión más global del mercado de Miami que, junto con Los Ángeles y Nueva York, son en las que la mayoría de la gente quiere invertir cuando se trata de finca raíz. Y Miami sigue siendo la más barata, ya que con menos dinero uno puede comprarse un apartamento e invertir y hacer un buen negocio. A propósito, ¿cómo era el mercado antes de la crisis en Estados Unidos? La economía antes del 2008 era totalmente apalancada por los bancos. Estaban interesados en emitir préstamos y deudas, y así se generó lo que llamamos la crisis del subprime, cuando se les prestó a personas que no tenían suficientes ingresos.
¿Por qué le dieron crédito a gente que evidentemente representaba un riesgo?
Porque lo único que les interesaba a los bancos era generar papel de deuda que después vendían en los mercados terciarios. Así, lo que pasó fue que hubo una sobreconstrucción dirigida a un mercado especulativo, donde la gente ponía nada más el 20 por ciento de depósito.
Eso llevó a que el mercado de las inversiones en Miami se cayera completamente porque los bancos decidieron no otorgar más créditos.
Si estas entidades hubieran seguido prestando a una tasa de cero, el sector inmobiliario en la ciudad hubiera dejado de existir.
¿Cómo superaron esa crisis del 2008?
Pensamos que como empresa íbamos a dejar de existir porque teníamos casi dos millones de dólares de deudas.
Después de negociaciones limpiamos la balanza del pasivo de Related, vendimos todos los apartamentos que nos habían quedado y empezamos a comprar terrenos y edificios porque veíamos precios muy baratos.
Pero, ¿en qué momento volvieron a ver las posibilidades de recuperación?
En el 2010 llegó un punto de inflexión donde volvimos a empezar de la forma más lógica y sana de comprar apartamentos de inversión: con la plata de la gente.
El comprador tenía que pagar todo y nosotros se lo financiábamos a dos años. Los precios eran tan bajos que los potenciales clientes empezaron a comprar y los precios subieron a tal punto que ese año tenía sentido volver a construir.
A partir de la crisis, ¿qué cambios ha tenido la empresa?
Estamos haciendo menos volumen en la parte de condominios y nos diversificamos pensando en que si se volviera a presentar una crisis, el negocio estaría mejor dividido.
Incluso, hemos copiado la forma como se maneja el negocio en Bogotá o en Buenos Aires, es decir, si verdaderamente las personas quieren un condominio en Miami, tienen que financiar la construcción.
Y lo cierto es que la gente ha vuelto a invertir porque han aparecido piezas de una urbe importante, como museos y otros sitios para la cultura que dan cuenta del crecimiento.
COLOMBIA, BIEN PARA LA INVERSIÓN
Aunque The Related Group planteó hace unos años incursionar en Colombia, la idea quedó aplazada. Sin embargo, Carlos Rosso anunció que están mirando de nuevo posibilidades en el país. “Allí, el mercado inmobiliario está muy bien, los precios son llamativos (incluso, más caros que en Miami) y se están haciendo obras muy interesantes, obviamente para un mercado muy bogotano, es decir, aún muy chico”, explica el directivo. Incluso, al comparar al país con otros como Brasil, Argentina y Uruguay, Rosso considera que está muy bien. “Sin duda, mucho mejor que Brasil, donde la economía está sufriendo, en parte, por la incertidumbre de qué va a pasar con las elecciones; por su parte, Argentina es un desastre y México está recuperándose, pero aún no hay una demanda inmobiliaria fuerte”.
Fuente: Portafolio.co
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lunes, 1 de septiembre de 2014
Estados Unidos: "El mercado inmobiliario en Miami casi deja de existir"
Mexico: Invertir en inmuebles, ¿mejor que hacerlo en la Bolsa?
En los siguientes tres o cinco años, las colonias que prometen altos rendimientos son Escandón, San Miguel Chapultepec, Juárez y Roma Norte y Sur. (Foto: Getty Images)
Al igual que si invirtieras en la Bolsa Mexicana de Valores, lo importantes es cuidarse la rentabilidad. Al invertir en un inmueble puedes esperar un rendimiento de hasta 30% al año, superior a la inflación (4%) y muy por encima del 13.7% anual que ofrece la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), aseguran expertos. Zonas como la colonia Anzures y Ampliación Granada en Polanco, Condesa, Roma, San Miguel Chapultepec, Narvarte, Del Valle, Escandón, Palmas y Tecamachalco han triplicado su precio por metro cuadrado en los últimos 15 años, detalló el director general de la consultora inmobiliaria Coldwell Banker Invest, Manuel Díaz.
Comprar un inmueble en prepreventa en estas zonas -entre 12 y 18 meses antes de que se termine la obra- podría darte una ganancia o plusvalía de entre 20% y 30% en caso de reventa, agregó Díaz. Pero esa inversión tiene el riesgo de que el proyecto no se termine o que no cuente con los acabados prometidos.
El aumento en la plusvalía de un inmueble –crecimiento del valor en el tiempo de un inmueble- puede ser sinónimo de una buena inversión si al descontar la inflación en determinado tiempo el resultado es mayor que la inversión inicial.
En la plusvalía intervienen factores como planes de desarrollo en la zona, infraestructura vial, equipamiento en servicios, conectividad a pie y en coche, además de las servicios del inmueble y el mantenimiento, señaló Claudia Velázquez, directora de nuevos negocios de la empresa de consultoría Softec.
Para comprar bienes raíces como inversión, es necesario contemplar su ubicación, el diseño y cuánto sacarás de las rentas. “A esto se le adicionan dos factores: la tasa de capitalización y cuándo vender tu propiedad. La suma de estos elementos te dará la rentabilidad que obtendrás al venderlo”, dijo el director de negocios de Aguirre Newman México, empresa de consultoría e inversión inmobiliaria, Jorge Castañares.
El experto refirió que el valor que expresa la rentabilidad del inmueble es la tasa de capitalización que resulta de sumar las rentas que se obtendrían en un año y dividirlo entre el monto de la inversión.
Si el costo del inmueble es de 1.5 millones de pesos, y la renta es de 12,000 pesos mensuales, la tasa de capitalización es de 9.6%. “Es decir que por cada peso que invertiste en tu inmueble se te están regresando 9.6 centavos”, explicó Jorge Castañares.
Vive de tus rentas
Invertir en inmuebles también es una inversión en el corto plazo si vives de tus rentas. Pero este retorno de inversión se enfrenta al aumento en la oferta durante los últimos cinco años.
La fórmula tradicional para sacar el costo de la renta es que por cada millón de pesos invertido en el inmueble, se cobrará mensualmente el 1%. “Sin embargo, la sobreoferta de inmuebles ha llevado a que las rentas vayan de 0.6% al 0.8% sobre el precio del inmueble”, agregó Castañares.
Para vivir de tus rentas, deberás ajustar cada año el precio de la renta haciendo un análisis de precios alrededor de la zona y darle mantenimiento constante al inmueble para que no se deprecie.
Las inversiones en inmuebles son atractivas para inversionistas mayores de 50 años, quienes ya no tienen tiempo para esperar que sus inversiones en la BMV se recuperen de una posible caída. “Son más seguras y conservadoras”, explicó dijo el director de la empresa de asesoría patrimonial y gestión de créditos ARX Patrimonium, Antonio Ramírez.
Fuente: CNN Expansion
En los siguientes tres o cinco años, las colonias que prometen altos rendimientos a las personas que inviertan en inmuebles son Escandón, San Miguel Chapultepec, Juárez y Roma Norte y Sur
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Venezuela: "Incertidumbre impide alquilar el apartamento"
Foto William Dumont
Le salió la oportunidad de hacer un master en un instituto en Madrid, por lo que el matrimonio permanecerá dos años en la capital española, lo que también los ha llevado a posponer los planes de tener hijos. “En condiciones normales lo conveniente es arrendar para que la hipoteca se siga pagando sola el tiempo que estemos fuera, pero la incertidumbre impide alquilar el apartamento”, expresó la arquitecta. Conoce el drama de las parejas jóvenes que no pueden casarse porque no consiguen una vivienda. “Pero cómo alquilas ante tantos casos de propietarios imposibilitados de vivir en su propia casa porque el inquilino no quiere o no puede irse cuando le piden el desalojo. Ni siquiera hay garantía de dejar el apartamento a alguien para que te lo cuide”, indicó. Aclaró que no tienen bienes de fortuna y pese a los gastos en el extranjero mientras duren los estudios, es preferible correr con el costo (12.000 bolívares mensuales) que representa el préstamo hipotecario más el condominio. “Incluso le di instrucción a la conserje del edificio para que diga que no hay apartamento en alquiler a quien solicite información al respecto”. Apoyo familiar. Vanessa Rodríguez contó que ella y su esposo, que es ingeniero, pudieron comprar el apartamento, después de buscar ofertas en el mercado inmobiliario, gracias a la ayuda de la familia. De hecho, vivieron los dos primeros años de casados en el apartamento de sus padres en La Tahona. “Si alquilábamos, los salarios de ambos no alcanzaban para ahorrar y comprar nuestra propia casa”.
Recordó que los padres los apoyaron con parte del dinero necesario para la reserva del apartamento en un edificio que estaba en construcción. También los ayudaron con parte de la cuota inicial, equivalente a 40% del precio total de la vivienda.
“Resulta demasiado fuerte no poder regresar a vivir en tu apartamento, adquirido con tanto esfuerzo, porque el inquilino no se va, sea por necesidad o porque espera sacarte dinero o quedarse con la vivienda”, agregó.
Rodríguez sostuvo que por donde se mire la opción de alquilar es inconveniente, pues la renta que cobraría debe estar dentro de los parámetros de la ley de alquileres, la cual fija un monto basado en la regulación de los precios que no cubre el préstamo del banco y menos si se le suma el pago del condominio en el caso de que el arrendatario no lo asuma.
EL DATO
Vanessa Rodríguez dijo que si deciden quedarse a vivir en España venderán el apartamento. “Todos los amigos que decidieron emigrar al exterior resolvieron no alquilar ante la posibilidad de volver a sus hogares si la situación en Venezuela cambiaba, como no ocurrió vendieron”, precisó.
La arquitecta explicó que la razón por la cual considera la posibilidad de abandonar el país es la inseguridad personal, aunque la situación económica de los bajos salarios que percibe un profesional, combinado con la inflación, es motivo suficiente para tomar la decisión de migrar.
Cámara Inmobiliaria alertó sobre déficit
El presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, Aquiles Martini, alertó que el déficit en la oferta nacional, especialmente en el área de viviendas, es cada vez más marcado. Destacó que para la fecha a la Misión Vivienda todavía le falta completar 85% de su objetivo anual. “No lo va a cumplir. ¿Cómo será la crisis que los mismos representantes del sector público admiten dificultades para obtener materia prima?”.
Martini agregó que los tres factores principales para el desarrollo inmobiliario –producción y distribución de materia prima, marco jurídico y sistema hipotecario– son controlados por el gobierno, y tienen problemas.
Considera que para encontrar soluciones se requiere la aplicación de medidas como respeto a la propiedad privada, rechazo categórica a las invasiones y sustitución de la ofensiva económica –entendida como aumento de los controles– por medidas que estimulen la producción.
Martini agregó que también es necesario modificar las leyes del sector. “Tenemos resoluciones de precios imposibles de cumplir, una ley de arrendamientos residenciales que no es viable para alquilar, y leyes para la promoción inmobiliaria que centralizan en el gobierno todos los trámites y retrasan cualquier solución”.
Recordó que en meses pasados se hizo un trabajo intenso con el gobierno para destrancar los arrendamientos comerciales y se logró una ley balanceada. “Hemos demostrado que sí se puede llegar a acuerdos”, expresó
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España: Ciudades y ciudadanos inteligentes
Pocas ideas han hecho tanta presa en la imaginación de los urbanistas como la de “ciudad inteligente”: la utopía de una metrópolis que, totalmente interconectada mediante sensores, acaba con cualquier fricción por mor de de la eficiencia. Es adecuado hablar de “presa”, ya que la reciente fiebre que ha desatado la “ciudad inteligente” emana en parte de las agresivas iniciativas de empresas como IBM, Cisco y Microsoft, dispuestas a vender sus caras y aparatosas soluciones para todo a alcaldes del mundo entero escasos de fondos pero necesitados de innovaciones. Y aunque las primeras ciudades inteligentes —Masdar en Arabia Saudí y Songdo en Corea del Sur— parecen más cercanas al taylorismo que al urbanismo, el entusiasmo no remite. Una tras otra, las ciudades —desde San José a Barcelona, pasando por Río de Janeiro y Milán— se mueren por tornarse más inteligentes. Ahora la ciudad-Estado de Singapur ha anunciado su intención de instalar en sus paradas de autobús, parques y cruces de calles cajetines con sensores de varios organismos. El supuesto objetivo es reconducir los servicios públicos hacia un modelo “de anticipación”, que pueda evitar por completo los problemas urbanos más corrientes, mediante sensores y cámaras que controlen la longitud de las colas de taxis, la limpieza de las zonas públicas y cualquier aparcamiento ilegal que se realice. Por ejemplo, solo se enviarían limpiadores a las zonas que realmente los necesitaran. Aún no se sabe si los sensores denunciarán a quienes escupan chicle, un delito penado en Singapur. El consenso que se está imponiendo —según el cual la “ciudad inteligente” debe ser eficiente, libre de fricciones y gestionada por empresas de alta tecnología— resulta polémico. Críticos como el diseñador y artista británico Usman Haque defienden las virtudes del desorden, aduciendo que las iniciativas destinadas a evitar conflictos mediante analistas de macrodatos son incompatibles con el urbanismo. En su libro de 2013 Smart Cities Anthony Townsend, otro vehemente detractor de las “ciudades inteligentes”, señala que, aunque hay mucho de loable en ellas, son sus habitantes los que deben tener capacidad para hackearlas y modificarlas; de lo contrario, estarán tan infestadas de virus y resultarán tan limitadoras como nuestros programas informáticos. Adam Greenfield, también ensayista sobre temas tecnológicos, ha escrito hace poco Contra la Ciudad Inteligente, un incisivo panfleto en el que advierte de que la propia etiqueta “ciudad inteligente” sirve de tapadera retórica para la privatización de los servicios públicos. Esos detractores hacen bien en recalcar aspectos del urbanismo como el descubrimiento casual, la espontaneidad y la comunidad que el debate actual no aborda adecuadamente. Una ciudad realmente “inteligente” no es aquella que puede hacer más con menos —un gran lema para tiempos de austeridad—, sino la que conoce e incluso se enorgullece de sus propias limitaciones e imperfecciones. Es la que respeta a todas y cada una de las minorías que no causan daño con su singularidad y la que no vulnera derechos de sus habitantes como es el propio derecho a la ciudad. Sin embargo, ¿cómo se traduce esa actitud humanista en tecnologías concretas? En este sentido, ni siquiera los detractores tienen mucho que ofrecer. Quizá un buen punto de partida sea intentar definir las antípodas de la “ciudad inteligente” dirigida por empresas. Ideológicamente, ¿cuál es el opuesto que, a través de acusados contrastes, pondrá de relieve sus ventajas y limitaciones? ¿Es acaso la “ciudad tonta”? Hoy en día, cuando los cubos de basura rebosan de sensores y las farolas están provistas de complejas cámaras, es perfectamente comprensible añorar el urbanismo analógico, sobre todo después del escándalo de la NSA estadounidense. Por desgracia, esa nostalgia es históricamente analfabeta: las ciudades siempre han sido ingeniosas proezas de la ingeniería, útiles para probar nuevas y asombrosas invenciones, ya fueran alcantarillas, vacunas o ferrocarriles suburbanos. En una ciudad libre de tecnología ninguna autenticidad se puede encontrar.
Si la alternativa no es la “ciudad tonta”, quizás lo sea la “aldea inteligente”: ¿una población tan rural como profundamente tecnológica? Esto entroncaría con la arraigada tradición intelectual de vapuleo a la ciudad: odiar a las urbes nunca equivalió a ser partidario de una vida que, libre de fontanería, se basara en un trabajo incesante y un heroico ascetismo. Como demuestra el historiador Steven Conn en su nuevo libro Americans Against the City: Anti-Urbanism in the Twentieth Century, la tecnología y el urbanismo siempre han mantenido una relación ambigua: por una parte, está claro que la tecnología generó ruido, congestión y superpoblación, pero, por otra, muchas tecnologías —desde la electricidad a la automoción— también prometieron una mayor facilidad para abandonar cómodamente la ciudad.
Muchos radicales utópicos esperaban que las nuevas tecnologías les permitieran escapar del sistema fabril y satisfacer sus propias necesidades en el campo. Como señaló Ralph Borsodi, uno de los principales defensores de ese antiurbanismo hipertecnológico, en su éxito de ventas Flight from the City (1933), “la producción interna(...) no solo aniquilaría la indeseable y prescindible fábrica al privarla de mercado para sus productos[SINO] que(...) convertiría [a hombres y mujeres] en dueños de las máquinas en lugar de en siervos de las mismas(...) los liberaría para la conquista de la comodidad, la belleza y la comprensión”. ¡Poco podía saber sobre el potencial de los espacios para hackers, las impresoras en 3D y los termostatos inteligentes! En la actualidad, cuando uno puede imprimir ropa, herramientas e incluso comida sin salir de su sótano la opción rural resulta todavía más atractiva.
Pensemos en Open Source Ecology [Ecología de código abierto], un grupo de entusiastas de la ciencia y la ingeniería radicado en Misuri que está desarrollando el Equipo de Construcción de la Aldea Global: un conjunto de herramientas fáciles de usar, como tractores y hornos de panadero, que servirán para organizar una nueva comunidad con poco dinero y en poco tiempo. Hoy en día, la proximidad a la cultura también es menos problemática, ya que los dispositivos de lectura y las tabletas pueden almacenar miles de libros, y YouTube y Netflix constituyen una fuente inagotable de entretenimiento e instrucción.
Con todo, está claro que la “aldea inteligente” bien podría caer en el “suburbio inteligente”, proporcionando todas las comodidades de la vida urbana pero ninguna de las formas de realización social y espiritual que parecen escasear en las ciudades. Un iPad, una impresora en 3D y un automóvil sin conductor no son constitutivos de una aldea inteligente: como ya descubrió una generación anterior de vapuleadores de la ciudad, sin reformas sociales y económicas, la capacidad emancipadora de la tecnología es muy limitada. Una impresora en 3D solo será liberadora si puede redundar en una mayor comodidad, pero siempre dependerá de un costoso suministro.
El otro peligro es que la “aldea inteligente” acabe siendo una réplica de la “ciudad inteligente”, pero con más árboles y pajaritos. Y eso también sería un error. El objetivo es desplegar la tecnología con sensatez —¡no por doquier!—, creando un ámbito espaciotemporal que se rija por normas distintas. La cuestión no es trabajar más en entornos más bonitos sino cuánto trabajamos.
La indagación en los ritmos temporales, las pautas de conectividad y los rituales laborales de la “aldea inteligente” debería llevarnos a reconsiderar la concepción actual de la “ciudad inteligente”: la eficiencia, la productividad y la solución de problemas por adelantado son objetivos loables para los déspotas hipertecnológicos y para jefes de ventas, pero las ciudades nunca se han preciado únicamente de albergar actividades comerciales. También han acogido actividades recreativas y de ocio opuestas al paradigma de hipereficiencia taylorista de la “ciudad inteligente”. Una urbe abierta al ocio no será menos “inteligente” que Singapur. Sería lamentable que los heraldos de la tecnología nos convencieran de lo contrario, eso si tenemos tiempo para escucharles.
Evgeny Morozov es profesor visitante en la Universidad de Stanford y profesor en la New America Foundation.
Traducción de Jesús Cuéllar Menezo
Fuente: El Pais
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Venezuela: Se requieren más de 470 salarios mínimos para comprar casa o apartamento
informe21.com
La situación no se presenta solo en San Cristóbal, se extiende a todo el territorio venezolano, donde la inflación mensual promedio se ha ubicado los últimos meses en 5%. Contar con una vivienda propia es imposible para quienes perciben un salario mínimo (Bs. 4.251) e incluso un poco más. El costo promedio de una vivienda en la capital tachirense es de 2 millones de bolívares, el equivalente a 470 salarios mínimos. La escasa oferta en el mercado y el costo excesivo de los materiales e insumos para la construcción ha disparado enérgicamente los precios. La situación no se presenta solo en San Cristóbal, se extiende a todo el territorio venezolano, donde la inflación mensual promedio se ha ubicado los últimos meses en 5%, amenazando con cerrar el año sobre el 70%, según especialistas en el área. En Venezuela más del 50% de la clase trabajadora percibe un salario mínimo y el financiamiento promedio de los bancos se ubica en 350 mil bolívares. Por ello, adquirir una vivienda propia y digna se convirtió en un sueño casi imposible de lograr. La contracción del sector de la construcción hace que la oferta de casas y apartamentos sea prácticamente nula y los pocos urbanismos que están disponibles lucen inalcanzables, con precios que superan los dos millones de bolívares. La oferta Las pocas ofertas son realmente desesperanzadoras para un trabajador promedio. Los avisos clasificados no exhiben viviendas menores a dos millones de bolívares, salvo apartamentos a las afueras de la ciudad valorados en más de un millón 300 bolívares, cifra de igual manera astronómica en comparación al ingreso y poder adquisitivo de los asalariados. El costo de una vivienda promedio - tres habitaciones, dos baños, sala, cocina, comedor y un estacionamiento- en San Cristóbal está calculado entre 2 y 10 millones de bolívares, dependiendo de su ubicación. Si se trata de una zona relativamente céntrica, el costo se ubica entre 2 y 4 millones; pero si está dentro de un conjunto residencial en una de las zonas preferenciales de la ciudad, la suma va de 5 a 10 millones de bolívares. Las casas con más de 4 habitaciones y 4 baños, además de un estacionamiento con capacidad para más de dos vehículos cuestan más de 4 millones de bolívares, cifra que pudiera superar los 15 millones si se ubica en una de las zonas más exclusivas. Sin salida El costo de un terreno supera los 400 mil bolívares, y conseguir materiales para la construcción, en particular, cemento y cabilla se ha convertido en una tarea muy difícil de concretar. La escasez y la especulación impiden que la mayoría tenga acceso a ello. Una paca de cemento, regulada en 50 bolívares, cuesta más de 700. Por tanto, la compra de un terreno y la construcción de una casa tampoco es la salida para solventar el problema. Para muchos la opción es comprar una vivienda vieja y remodelarla “poco a poco” cuando las condiciones económicas lo permitan. Déficit habitacional La Misión Vivienda, presentada en 2011 por el Gobierno como la solución al déficit habitacional, también muestra dificultades. Las cifras del Ministerio de Vivienda revelan que durante el primer cuatrimestre de 2014 se concretaron 10 mil 283 casas, lo que representa una caída de 63 por ciento frente al mismo período de 2013, cuando se ejecutaron 29 mil 104. Para este año el Ejecutivo promete la entrega de 400 mil unidades, pero en los primeros cuatro meses solo realizó 2,7 por ciento, por lo que aún tiene pendiente el 97,3 por ciento restante . Fuente: Informe 21.com | |
Venezuela: Hay más venezolanos y menos viviendas
eldiariodeguayana.com.ve
El presidente de la Cámara Inmobiliaria de Venezuela, Aquiles Martini Pietri, alertó sobre la tendencia cada vez más marcada de déficit en la oferta inmobiliaria, especialmente en el área de viviendas, a pesar del esfuerzo tanto del sector privado y del Gobierno.
"Cada vez somos más venezolanos, cada vez hay menos producción de viviendas y los precios se elevan independientemente de lo que puedan hacer los empresarios en este marco económico, tenemos la inflación más alta de América Latina", agregó Martini.
Resaltó que a la Misión Vivienda, actividad impulsada por el Ejecutivo, le falta completar 85% de su objetivo anual. "En todo el país los diarios regionales denuncian la crisis para adquirir materia prima como son cemento y cabilla, y eso perjudica la Misión Vivienda".
El presidente de la CIV dijo que los controles de producción y distribución que ejerce el Gobierno sobre la materia prima de la construcción "perdieron sentido hace tiempo". Añadió que "de nada sirve controlar productos que no existen, de esa forma solo distribuyes la escasez".
Martini señala que la ausencia de materia prima "no es consecuencia de una mayor producción de viviendas sino que empezó tras la ola de nacionalizaciones de empresas básicas y su mal manejo por parte del Gobierno".
También insistió en propuestas que se deben desarrollar de forma pragmática para solucionar los temas inmobiliarios.
"En todo el país los diarios regionales denuncian la crisis para adquirir materia prima como son cemento y cabilla, y si eso perjudica la Misión Vivienda, ¿qué no le hará al sector privado la escasez de materiales?", comentó Martini Pietri.
La respuesta a estos problemas no puede ser en el mismo sentido que lo realizado hasta ahora, más de lo mismo; la respuesta debe permitir que las empresas sean autosustentables e independientes, reguladas por el sentido común de los ciudadanos y especialmente por el buen criterio gerencial venezolano y no controladas discrecional e inconsultamente por una oficina del Gobierno".
Fuente: El Diario de Guayana
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La vivienda vuelve a percibirse como una muy buena inversión
Son muchos los expertos que creen que la economía es un estado de ánimo, es decir, que más allá de cifras macroeconómicas, tendencias financieras y salud de los mercados, lo que importa es la perspectiva del consumidor y si tiene confianza para gastar e invertir.
Desde hace varios meses, los números que ofrece el mercado inmobiliario hablan de recuperación. Sin embargo, nada mejor que sondear la opinión de los posibles compradores de vivienda para comprobar si esa mejoría de la que tanto hablan los expertos es creíble y, por tanto, sostenible.
Eso es lo que ha hecho la inmobiliaria Look&Find a través de una macroencuesta online, con cuyos resultados ha elaborado el informe Percepción de la situación económica y opciones más rentables para invertir.
De entre los datos que muestra el informe, llama la atención que para el 66% de los encuestados la inversión más rentable es la vivienda, por encima de acciones y fondos (21%) y otros productos financieros (13%).
“La bajada de los precios de la vivienda, con un descenso medio de un 35% desde 2006, cuando alcanzaron su valor más alto, junto con los primeros signos de recuperación económica hacen que el sector inmobiliario vuelva a ser percibido como una opción muy interesante de inversión. Los clientes entienden que estamos en un buen momento para adquirir una casa en propiedad, tanto para vivir como para realizar una inversión”, explica el estudio de Look&Find.
Confianza en el futuro
Ese estado de ánimo más optimista lo genera una mayor confianza en la economía del país: el 42%de los participantes en el sondeo están convencidos de que estamos en el inicio de la recuperación. Sin embargo, un 23% considera que el empleo todavía tardará en consolidarse.
La estabilidad laboral, como apuntan también en el estudio, es un elemento clave para decidir afrontar la compra de una vivienda. De nuevo, en ello influye la percepción de cada potencial cliente y aunque, en efecto, la mayoría piensa que la recuperación del empleo será lenta, existenmejores perspectivas en cuanto a la seguridad de los puestos de trabajo o a la marcha de los negocios.
Otro sondeo, realizado en marzo por la misma inmobiliaria, apuntaba este nuevo panorama: el 39% de los encuestados se planteaba muy seriamente invertir en vivienda, ya que se están ofreciendo muy buenas oportunidades. Y un 26% se reconocía a la espera de comprobar la evolución del mercado en estos próximos meses para decidirse a comprar.
“La leve mejora de los indicadores económicos hace que este segundo semestre de 2014 se perfile como un momento de oportunidad para la adquisición de vivienda, no solo por parte del cliente nacional, sino también por parte del cliente internacional”, concluye el más reciente estudio de Look&Find.
Fuente: Blog de Anida
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