El silencio es sinónimo de confort en una vivienda, pero pocos de los que residen en una ciudad tienen el privilegio de disfrutarlo. Tráfico, maquinaria, vecinos… En general aprendemos a convivir con la contaminación sonora. Sin embargo, todo tiene un límite.
La legislación europea fija en 65 decibelios el umbral a partir del cual los sonidos que nos rodean se convierten en ruido molesto. Las normativas locales reducen ese límite en el interior de una casa a 35 decibelios durante el día y 30 por la noche. Cuando se sobrepasan, nuestros nervios e incluso nuestra salud se ven afectados.
En ese caso, habría que plantearse un reforma para insonorizar la casa, o al menos algunas habitaciones. Cuando hablamos de insonorizar nos referimos a reducir los ruidos hasta niveles razonables, porque sería difícil y muy costoso llevar a cabo un aislamiento total.
Los expertos de la empresa Acústica Integral aconsejan, como primer paso, realizar una medición acústica de la vivienda. No es lo mismo la molestia de escuchar a los vecinos que soportar el paso constante de trenes. Cada problema requiere una solución proporcional. Aun así se pueden plantear algunas soluciones generales para lograr un mayor confort.
Cuando el ruido procede del exterior
- Realizar una obra integral de insonorización en los muros exteriores. El mejor aislante, según los expertos, es la masa: el hormigón, el cemento o el ladrillo de al menos un centímetro de grosor absorben muy bien los ruidos. Claro que esa reforma supone una gran molestia y un precio elevado. Una alternativa más económica es aprovechar las cámaras de aire de las fachadas para rellenarlas con materiales que no son conductores del sonido, como lana de roca, láminas viscoelásticas o espuma de poliuretano.
- Colocar ventanas insonorizadas. Bien de doble acristalamiento (dos cristales pegados entre sí, tipo Climalit) o doble ventana (una a ras de la fachada y otra en el interior del muro). En ambos casos amortiguan las ondas sonoras y además no dejan entrar el aire que las transporta.
- Tiras de corcho o caucho para las ventanas de madera. El objetivo es cerrar el espacio entre la ventana y el marco para no dejar pasar el aire.
- Persianas y cortinas. Los tejidos también absorben las vibraciones. Cuanto más gruesos sean y más espacio cubran, mejor.
Cuando el ruido procede del interior del edificio
Las tuberías, la maquinaria del ascensor, el televisor de los vecinos, niños, voces… Hay que localizar el foco de esos ruidos para actuar en las habitaciones que lo sufren, de tal manera que la reforma sea lo más limitada posible.
- Paredes. Si cuentan con una cámara de aire, podemos rellenarla con los materiales aislantes que ya hemos visto. Si son poco más que tabiques, habría que levantar una doble pared con aislante o revestirla con placas de pladur.
- Techos. La única posibilidad es construir un doble techo, con un espacio de entre 10 y 30 centímetros entre ambos (cuanto mayor sea ese hueco, más protección acústica obtendremos) en el que habrá que colocar un material aislante.
- Suelos. Las tarimas flotantes son una solución rápida y sencilla: como en los casos anteriores, dejan una cámara entre la base y el nuevo suelo que reduce los ruidos. La alternativa casera es colocar alfombras, procurando que cubran bastante espacio y sean gruesas.
Imagen @DmitryKalinin y flickr con licencia Creative Commons
Fuente: El Blog de Anida
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