lunes, 16 de noviembre de 2015

Cómo hacer RSE en tiempos de crisis

RSE
Corren tiempos difíciles en Venezuela. Se habla de que atravesamos la peor crisis económica de nuestra historia. La economía se ha minado de controles, estamos al borde una hiperinflación, y la carga impositiva es cada vez más alta.
La RSE, por definición, es todo aquello que las empresas hacen más allá de la ley. Motu propio. Para optimizar la calidad de los mercados.
Pero ya cumplir con un alud de leyes, es suficiente peso para los privados, que desearían tener planes de RSE más activos y militantes, pero deben encogerse de hombros ante la cruda realidad nacional.
Algunos mantienen la frente en alto, especialmente las multinacionales, y las grandes corporaciones nativas, como Empresas Polar. Pero, en general, las políticas de RSE del empresariado criollo han mermado sustancialmente.
No obstante, no hay que tirar la toalla. Siempre es posible hacer RSE, aunque sea con el viento en contra, y echando mano de los últimos recursos.
La época de Eugenio Mendoza, la Fundación Vivienda Popular, y el auge de las fundaciones, en los años 70’s, se corresponden con una estructura de país, en la cual el capital privado tenía mucho mayor peso. Hoy la hipertrofia del estado ha apagado los últimos respiraderos del capital privado, y hacer RSE es prácticamente impensable.
Pero no se dé por vencido. No cuelgue los guantes. Acá le ofrecemos una guía rápida de cómo implementar prácticas responsables, en tiempos de crisis, sin necesariamente invertir más dinero del que ya se tiene presupuestado.
Más prácticas que inversiones
“Cuando hablamos de hacer RSE en tiempos de crisis, lo primero que tenemos que pensar, es que deberemos implementar más prácticas responsables que inversiones. Por ejemplo, hacia los proveedores: en tiempos de crisis se pueden contratar proveedores pequeños, digamos 20% del total, o bien 10% de proveedores del género femenino. Esto no implica mayores inversiones”, ofrece una opción válida, la sociólogo Charo Méndez, experta en RSE, y consultora de importantes empresas, en esta materia.
La piedra de toque –remarca Méndez- es implementar más prácticas responsables, sin que ello implique mayores inversiones, necesariamente. Se pueden rotar los proveedores tradicionales, o buscar proveedores más pequeños.
Por ejemplo ¿Qué hacer hacia las comunidades? Hay que pensar –dice- en cosas que ya se tienen pagas, o presupuestadas, como por ejemplo algunas instalaciones que puedan ser prestadas a la comunidad, para hacer actividades culturales, foros, charlas, etcétera. Hay que pensar qué cosas se pueden habilitar, que no salgan de los costos fijos.
También se puede pensar en prácticas responsables que ya se aplican con proveedores, para trasladarlas hacia los trabajadores. Verbigracia, si se tiene material informático que va a pasar a desuso, como PC, tabletas, celulares, pensar en hacer donaciones a los trabajadores, con esas herramientas tecnológicas que van a ser desincorporadas.
“En tiempos como los que corren en Venezuela, donde hay muchas escasez de productos, las empresas a menudo tienen proveedores garantizados de papel higiénico, por ejemplo. Esto puede canalizarse hacia los trabajadores, como un beneficio adicional. O si la empresa ya paga una consultoría jurídica, puede ponerla al servicio de los empleados, es otra práctica responsable, que no implica más costos”, expone la asesora de Empresas Polar, Telefónica y Farmacias Saas.
¿Qué se puede hacer hacia los accionistas? “Se puede hablar con ellos y consultar si están dispuestos a reducir la rentabilidad, o disminuir los dividendos. Por otro lado, todas las ONG’s y las universidades esperan apoyos de inversión. Tal vez, una empresa que necesita capacitar a su personal, en lugar de pagar una consultoría, puede contratar el conocimiento de una ONG o de una universidad”, explica la experta.
También las ONG a menudo venden cosas, como artesanía indígena. Esto se llama negocios sustentables. En tiempos de Navidad, se pueden disponer los regalos corporativos comprando a una ONG este tipo de cosas.
Capital técnico
En el caso de los gobiernos locales, avanza Charo Méndez, se pueden hacer gestiones con capital técnico, como ingenieros, o profesionales de distintas ramas, que presten horas hombre para hacer trabajo de voluntariado, dando sin costo su conocimiento a una alcaldía o gobernación.
También, en tiempos de crisis, se pueden hacer sinergias entre las empresas privadas. Algunas empresas tienen más fácil que otras hacer RSE en tiempos de crisis, porque –a pesar de la situación actual- muchas vienen ganando buen dinero en el entorno local.
Ahora bien ¿Qué hay de la publicidad? Una práctica responsable, ante la disminución del presupuesto en mercadeo y publicidad, es reemplazar las campañas de medios y PR, por difusión de temas claves como el consumo responsable, crédito responsable o ambiente, a través de charlas y conferencias.
“Esta es la gran oportunidad de desplegar el tema ambiental, porque está directamente relacionado con la disminución de los estándares de consumo”, dice la ex directora de la AC Sinergia.
Con respecto a las Metas del Milenio, hay que decir que estas son metas para los Estados, y –en este sentido- debería haber más cooperación entre los sectores público y privado. Todas las medidas anteriores, tal vez no tienen un impacto sobre la economía del país, pero sí impactan la performance de las propias empresas.
Méndez descarta toda imprecisión: “Es importante destacar que hay un nivel directo de relación entre montos invertidos, y eficiencia de los planes de RSE de una empresa. Lo ideal es que se invierta mucha plata, de la manera más eficiente. Por esto, lo que se desea es que la economía del país crezca, y se puedan invertir muchos más recursos en RSE, de esta manera”, pone la mira en los escenarios ideales.
No estancarse
En tiempos de crisis, como los que vivimos, no se trata de distribuir la miseria, sino de no estancar los planes de RSE de las empresas. Lo que se desea es que el país salga a flote, y se puedan optimizar las gestiones de RSE. Pero mientras eso no sea así, la prioridad debe ser que no muera la gestión de RSE. Cuando se trata de Pymes, también se puede trabajar a través de asociaciones o cámaras.
“En estos momentos, las multinacionales que hacen vida en Venezuela, sí están haciendo RSE, pero tendríamos que determinar qué se entiende por impacto. El trabajo de la Pyme no es de inversión en metálico, sino de prácticas responsables. La verdad es que muchas empresas están haciendo cosas muy buenas, pero no alcanzan a competir con las políticas sociales del Gobierno, porque se trata de demasiado dinero”, indica Méndez.
Y mira más allá de nuestras fronteras: “En otros países, como Brasil, esto no es así, porque el poder económico privado de la nación carioca es más grande que el del Estado. No es que la RSE esté muriendo en el mundo, sino que –definitivamente- nuestro país se ha quedado muy atrás, con respecto a la vanguardia del mundo, en esta materia”, lamenta la consultora.
Han surgido otras corrientes, como la Creación de Valor Compartido (CVC), tesis de la autoría del profesor emérito de la Universidad de Harvard, Michael Porter. Esta corriente argumenta que RSE se ha quedado en la generación de reputación, y no ha sido capaz de saldar la inmensa deuda social del capitalismo.
Porter habla de introducir criterios comerciales a asuntos comunitarios, con la creación de redes de pequeños proveedores, y clusters que habiliten beneficios rentables para la empresa, y para la sociedad al mismo tiempo.
Aún así, lejos de morir, la RSE está más vigente que nunca. En países como Brasil, Colombia, Panamá, Perú o México, hay realidades muy distintas, en los negocios, y en el ámbito de la RSE.
En este orden de ideas, tal parece que Venezuela es la excepción y no la norma. Rara avis. La tendencia es abrir los mercados, con los controles mínimos necesarios, y fomentar cada vez más una robusta presencia de la RSE
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